Elizabeth Micheli Pablo es abogada notaria y traductora judicial, funciones que comparte con su cargo como gerente regional de Seguros Banreservas.
Es la nieta de Francisco Micheli Navas, considerado el “Padre del softball dominicano”, un hombre de muchos principios y, como ella expresa, los legó a sus hijos y estos a su vez se los traspasaron a los suyos. “Mi abuelo fue un ejemplo de trabajo y de superación.
Su ejemplo siempre ha sido mi norte. Su ardua labor a favor del deporte le valió el reconocimiento de que en su honor le pusieran el nombre al estadio de La Romana”, comenta.
Elizabeth agrega que otro gran ejemplo en su vida ha sido el de su padre, Francisco Micheli, vicepresidente de relaciones públicas del Central Romana, y desde hace varios años, dirigente del equipo de Los Toros del Este, como parte de sus funciones. “Este apellido ha sido de muchas bendiciones desde todos los puntos de vista”, indica.
¿Cómo se inició su relación laboral con Seguros Banreservas?
Hace tiempo que tengo mi oficina en funcionamiento y desde que nace Seguros Banreservas estoy con ellos, porque los primeros pasos se dieron desde el área de ventas de mi oficina. Ya como a los dos años, más o menos, de haber surgido la compañía decidimos que era tiempo de posicionarnos como empresa. Para ese entonces yo no era empleada de ellos. Le agradezco mucho a la presente administración, bajo la dirección del señor Héctor Saba, quien me ofreció quedarme como empleada de la empresa, en la cual ya llevo ocho años dirigiendo la zona.
¿Cómo se siente laborando con ellos?
Súper bendecida por lo que hemos logrado, hemos hecho un nombre importante en la zona.
¿Cuáles son sus funciones en concreto?
Dirijo toda la zona Este y administro el manejo completo de la oficina regional. Desde el peaje hasta Punta Cana es mi pequeño gobierno, como dice mi jefe. Es una representación completa de lo que es la oficina principal, contamos con todas las áreas y servicios, tanto generales como en los diferentes ramos, contamos con áreas técnicas, gestores de cobro, oficiales de servicios y todo eso, y me corresponde supervisarlo todo. Además, tenemos una oficina en Verón.
¿De dónde le viene esa capacidad de alegrar a todo el que la rodea?
De Papá Dios, Él ha sido mi roca y mi sustento, su misericordia, su favor, su amor nunca nos han faltado como familia. Mi agradecimiento al Supremo viene de muy lejos; fuimos criados en un hogar católico practicante, donde el amor al Señor y a su madre María siempre estuvo.
Dios nos mostró su mano en la enfermedad de mi hijo Francisco José, quien a los tres años de edad debutó con una infección intestinal inflamatoria en el intestino delgado (Crohn’s). Comenzó una batalla que fue y ha sido la de una familia completa, comenzamos a buscar su salud, después de mucho batallar logramos, paso a paso, irlo sacando. Mi fe en Jehová es tanta que el 21 de enero de hace seis años lo declaré sano en fe y di testimonio en la iglesia.
Soy muy agradecida con lo que Dios me ha dado, Él me ha dado mucho, aunque algunas personas pudieran entender que me ha quitado mucho también, pero bueno, uno va entendiendo que solo Él sabe cuáles planes tiene para nosotros.
¿Qué opina de la vida?
Que es un desafío y un reto. Lo que vas atravesando, que no es tan dulce como quisieras, es lo que te fortalece, pero también te debilita. Me ha fortalecido el carácter, mas me ha debilitado el corazón. Tengo la firme convicción de que el que te rodea no es culpable de tus situaciones adversas por lo que no puedo arremeter contra ellos ni hacerlos sentir mal.
Háblenos de sus hijos…
Ellos son la mayor bendición que Dios le ha dado a mi vida. Son jóvenes buenos y nobles. Elizabeth Marcel, de 20 años, es una estudiante brillante, un poco callada, se graduó en el bachillerato con honores, terminó su segundo año de la facultad de Derecho en la Pucamaima. Es excelente, muy responsable. Francisco José, de casi 15 años, es como el cascabel de la familia, cuando él no está, todo el mundo se da cuenta. Es un joven muy correcto, en los varones es un poco extraño encontrarlos que sean aplicados y estudiosos. Es muy amistoso, sumamente responsable y comprometido con lo que hace. Su mayor aspiración es lograr ser pelotero profesional. Practica todos los días y tiene un entrenador para esos fines.
¿Quién era su esposo?
Ramón Antonio Hernández Adón era general de la Policía Nacional ya en retiro. Sus últimos seis años estuvo adscrito al Departamento de Investigación de la Dirección General de Aduanas.
Él estaba de puesto aquí, en La Romana. Nos conocimos la noche del 1 de noviembre, yo me iba de viaje al otro día. Cuando regresé a los 15 días, el señor se había cuasi mudado a mi casa, amenazando a uno de mis empleados con que lo iba a trancar porque cada vez que le preguntaba por mí le decía que estaba casi llegando pero nunca llegaba de mi viaje. Fue un comienzo muy bonito y especial porque él no era el militar común y corriente, se formó fuera del país, en Nueva York, en Washington, en Carolina del Norte, y una de las más importantes escuelas a la que asistió fue el Instituto Superior de Carabineros de Chile, fue egresado de ahí.
Era muy correcto, enemigo de lo mal hecho, muy familiar; Francisco José, más que su hijo, era su amigo y nunca le dijo “papá”, sino Ramón. Él decía que ese era el “Ramón” más dulce que le habían dicho. Supimos llevar un matrimonio bonito pese a que nos distanciaban 20 años de edad, pero nunca fue obstáculo para un buen entendimiento y para que nos comprendiésemos.
Otra de sus cualidades era que siempre cuidaba su nombre, era un guardián celoso de sus apellidos, él decía que ese era el gran legado de su padre y el gran legado que le dejaría a sus hijos.
¿De qué falleció?
De una fibrosis pulmonar, lo más extraño en un no fumador. Para nosotros fue una pérdida muy grande, pero mis hijos, con bastante entereza, pienso que, probablemente, colocaron su dolor en un segundo plano en aras de que yo no sufriera más. Francisco José, todavía hoy, cuando estamos viendo una película y hay una escena triste o que se le parece a su padre, me mira a ver si estoy llorando. Pienso que ellos han entendido que tenemos que estar juntos, ellos me han ayudado a poder seguir transitando, ambos me han ayudado mucho en ese sentido.
Son situaciones tristes que vivimos; es importante entender que la vida sigue su agitado curso…
Sí, estoy plenamente consciente de eso, pero aún no he logrado quitarme el luto. He ido aclarando mi situación y Francisco José me ha dicho que ya es tiempo de mirar hacia adelante.
Los planes de la vida solo Dios lo sabe, no sé que Él ha escrito en el libro de mi vida, lo que sí le he dicho es que si me tiene otra oportunidad, que sea conforme a su corazón, que me lo busque Él.
¿Tiene algún pasatiempo que le ayude en esta difícil situación?
Soy medio enferma del trabajo, esa ha sido mi mayor terapia después del fallecimiento de mi esposo. Me gusta la playa y me gusta mucho mi casa. Me considero una persona muy amistosa y me gusta compartir, conocer gente, socializar, mas no soy de mucho estar en la calle.