El verano es una época muy hermosa del año. Familiares y amigos se reúnen para días de campo, paseos a la playa, ríos, piscina, almuerzos fuera de casa y actividades que sirven para fortalecer los lazos de amor filial.
Aun con todas esas bondades, hay un “ligero” inconveniente en el verano: las altas temperaturas…
¡Qué tremendo calor! Es el tema obligado de todas las conversaciones.
Es tan particular, que las instituciones competentes recomiendan usar ropas de colores claros, consumir mucho líquido, estar bajo sombra, no exponerse a los rayos solares por mucho tiempo y en horas especiales. Son muchas las enfermedades propias de esta época a causa del fuerte calor y de la humedad en el aire, por lo que con frecuencia algunos sufren infecciones, alergias e infartos, como consecuencia del calor del verano. Es saludable acatar todas esas recomendaciones, proveer a la familia de alimentos y ropas adecuadas y llevar un estilo de vida relajado, evitando, en la medida de lo posible, enojarse mucho para evitar empeorar las cosas.
La palabra de Dios habla de otro tipo de “verano” que al igual que el que experimentamos puede ser dañino, dependiendo cómo lo enfrentemos.
Encontramos en la Biblia condiciones similares a las que vivimos, porque nos habla de sequía, de calor, de terreno, de raíces, de hojas verdes, de corrientes de aguas y de fruto.
Dios mismo compara al ser humano con un árbol cuyo resultado dependerá del lugar donde esté plantado.
Dice Jeremías 17:7-8: “Bendito el varón que confía en Jehová y cuya confianza es Jehová, porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces y no se inquietará cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto”.
La sequía es una temporada donde se ausenta la lluvia y todo se seca, se caracteriza por la polvareda, por la aridez y ambiente desagradable.
En nuestras vidas lo comparamos con un tiempo particular donde no hay vida, donde no hay salida, ni buenas noticias y todo parece cubierto de olvido como si no tuviéramos derecho a ningún bien. ¡Qué mal nos sentimos en ese tiempo!
Calor: Es el resultado de ese tiempo seco, no hay brisa, no hay sombra, los árboles muestran un follaje manchado que manifiesta la condición deteriorada de sus raíces.
Es ahí cuando el calor aumenta.
En nuestras vidas el calor tiene que ver con circunstancias duras, donde hay evidencia de que las raíces no están en agua. Nuestra conducta nos delata. Llamamos, nadie responde; buscas y no encuentras; el calor es suficiente pero se le añade una calamidad tras otra y nos ahogamos sin tener quién nos socorra.
Dios dice: “Feliz el hombre que pone en mí su confianza. Es como un árbol plantado junto a las aguas y extiende sus raíces hacia las corrientes de agua”.
El terreno es este período de tiempo que transitamos por esta tierra; tú decides junto a qué plantar tu vida, si en tierra seca y árida, junto a aguas salobres, espinos y cardos; o decides plantar tu vida junto a un río, donde tus raíces se extiendan hacia las corrientes porque si es así, el resultado será poderoso.
Las corrientes de agua tipifican a Jesús fuente de agua viva. Él es todo: es amigo fiel, es protector, confiar en sus promesas te mantienen vivo, es garantía de paz y refrigerio en medio de esta circunstancia.
Las raíces son el tipo de tu corazón: si lo afianzas en Jesús, fuente de agua viva, no habrá dificultad que no puedas sobrellevar; las raíces en Jesús te hacen estar firme y esperanzado en Él, sin temores de lo que pueda venir.
Las hojas verdes representan las actitudes que nos distinguen, que por encima de las circunstancias, los demás ven el verdor, esa ansiedad y alteración que caracteriza el tiempo de calor, no te afecta porque siempre estás refrescante, todos se dan cuenta de que tu raíz está conectada a algo grande, corrientes de aguas que dan sanidad al que se moja en ellas.
No deja de dar fruto. El fruto es el resultado de la conexión, tú decides si dejarte secar o seguir produciendo. Eso que te está aconteciendo hoy, no es para siempre, es solo una temporada de sequía, pero como tu confianza está puesta en Jehová, tu corazón está recibiendo de esa fuente de agua que es Jesús.
Cuando estás en Jesús, nada te quita el gozo, sigues dando amor, aunque muchos te hayan dejado, sigues siendo sincero aunque haya hipocresía a tu alrededor, sigues ayudando aunque otros se desanimen, porque tu producción no tiene que ver con el calor, sino con que estás plantado junto a corrientes de agua.
¿Junto a qué estás plantado?
Eso lo determina el lugar en donde tienes tu confianza, el mismo Dios que dice que es feliz quien confía en Él, asegura que la vida es muy ingrata para los que ponen en los hombres su confianza. Tú decides dónde plantarte. Depende en quién está tu confianza.
No podemos evitar el calor del verano, pero sí podemos permanecer refrescantes frente a los “calores de la vida” permaneciendo junto a las corrientes de agua que nos regala la palabra de Dios.
Dios te bendiga.