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TRIBUNA ABIERTA

El indómito fulgor de la verdad

Salvador Uribe Montás

“Quien no conoce la verdad, es un infeliz.
Pero quien conociéndola no la defiende, es un delincuente”.
Bertolt Brecht.

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Crímenes contra la Prensa”, puesta en circulación en dos tomos, es la más reciente publicación que entrega a la consideración pública el escritor, comunicador social de profesión y de fuste, académico, profesor universitario y publicista, autor de varios libros, Oscar López Reyes.

La obra, emanada de su numen original, vigoroso y fecundo, transparente como su vida misma, se edita tras una seria y responsable, además de científica, paciente labor escudriñadora de más de siete años, agotados en pertinaces consultas, entrevistas e investigaciones, sobre la vida de todos los hombres y mujeres dominicanos que por ejercer el periodismo han sufrido asesinatos, torturas, persecuciones, prisiones, escarnios y angustias de toda índole desde la fundación misma de la República.

Sin lugar a dudas es un aporte encomiable, único hasta el momento en su ámbito, que contribuye a fortalecer, a comprender, a defender aún más, el valor intrínseco del ejercicio democrático a favor de la libertad de prensa y expresión, como eje nodal de las libertades sustantivas en toda sociedad que se precie de civilizada, deseosa de vivir dentro de un estado de derecho, donde imperen por siempre la justicia, la verdad y la libertad.

Sobre el polémico caso de la desaparición de Narciso González, hecho ocurrido en mayo del año 1994, ya sea asesinado por el régimen balaguerista de la época o por suicidio, le han llovido rayos, centellas y amenazas de agresión a Oscar por ser su único pecado la búsqueda, establecimiento y defensa de la verdad, pero de toda la verdad.

Asimismo, y a su vez, Jimmy Sierra, el innegable amigo íntimo de Narcisazo, puede decirse que su leal confidente, quien se ha decidido tras 16 años de silencio, por ser éste el momento justo para hacerlo, a revelar en todos sus detalles el cuadro depresivo que a su desaparecido compañero le abatía, y que pudo ser la razón determinante de que él optara por la opción del suicidio, también ha sido escarnecido por los mismos sectores que únicamente conciben en sus estrechas mentes petrificadas en el pasado, la posibilidad de que un revolucionario, militante activo o no, cuando aparece muerto es obra exclusiva de asesinos enviados por el gobierno de turno.

Y no siempre ello es así. A esos encandilados les recordamos que la vida nunca es tan lineal, ella es un poco más cuadrática, más compleja.

Si bien reconocemos que en países como el nuestro la eliminación física de los opositores, mucho más si son revolucionarios, ha sido macabra regla inflexible del oficialismo. Pero es sano recordar que en toda regla existen excepciones, de diversos grados y formas.

Por ejemplo, un caso patético al respecto, fue el de Barbarín Mojica, legendario luchador dirigente de Poasi, sindicato de los trabajadores del muelle, que atribulado por la desaparición de un hijo y frustrado por promesas incumplidas de parte de sus mismos conmilitones políticos, empobrecido y enfermo, optó por el suicidio, según pudo establecerse más tarde con absoluta precisión.

Pero esos mismos conmilitones no tuvieron siquiera el pudor de enterarse e investigar qué serios problemas aquejaban a Barbarín, semanas o días antes de su pretendido asesinato, optando por politizar su muerte, acusando al gobierno de Balaguer de haber perpetrado con él un asesinato atroz, lanzándolo desde el denominado “puente de las bicicletas”.

Pero mucho menos tuvieron la integridad y seriedad políticas de reconocer que se habían equivocado en sus acusaciones, una vez se pudo establecer que en realidad se había suicidado.

Ponderando el caso de Narcisazo, Oscar López Reyes en su libro, tuvo el cuidado analítico de tocar como referente indiciario lo ocurrido con Barbarín Mojica. (Pág. 599).

Acostumbrados a actuar con la superficialidad de raciocinio que les ha caracterizado desde que emergieron a la vida política, ya que muchos diciéndose marxista-leninista, socialistas, de izquierda, etc., etc., no leyeron, ni han leído ni leerán, siquiera la solapa de la cubierta de un libro de marxismo, por menos voluminoso que éste fuere.

Ya en la década de los años ‘60 y del ‘70, en nuestra mocedad, precisamente en aquellas maratónicas discusiones teóricas, que duraban hasta cinco y seis horas de corrido en los cursos, pasillos y jardines de la UASD, pudimos calar bien hondo la verdadera superficialidad teórica de tales seudointelectuales marxistas.

De esos mismos, a quienes Juan Isidro Jimenes Grullón, con un tino sociológico impresionante para un hombre de su formación y extracción social, denominó “la falsa izquierda”, dándole la razón, por vía de consecuencia, a la escuela de pensamiento a la cual representábamos en aquellos inolvidables debates, que desde muchos años atrás ya los había evidenciado como tales y reales antimarxistas. Por su supina ignorancia teórica, su miopía ideológica, su absoluta carencia de visión política estratégica, y falta de sentido común táctico, cualidades inexcusables en todo movimiento, cuadro dirigente o militante, que se precie de revolucionario profesional, o cuando menos, de simple intelectual de izquierda.

Por lo que estoy plenamente seguro que estos critican el libro de Oscar, sin ni siquiera ver la portada, pues no se han tomado el sacrificio de buscarlo, aunque sea en una biblioteca pública, no por falta de recursos, sino impedidos por ese pecado que les ha sido siempre, consustancial, original: no investigan, no escudriñan, no estudian, no leen, pero opinan, discuten y escriben sobre todo incurriendo en escandalosa osadía, e inconsecuencia intelectual a la vez: hablar y atacar lo que se desconoce.

Más aún: presumen de ser sesudos intelectuales y los oráculos inapelables del proceso revolucionario dominicano y mundial, cuando no llegan ni a pitonisas, o tan siquiera a “botafumeiros”.

A especímenes así eran a quienes se referían Marx y Engels, justa y apropiadamente llamándolos con ironía glacial y sátira quemante: “la docta ignorancia” refosilizada, siempre “vulgares en su originalidad y originales en su vulgaridad”.

En un ambiente así, la mentira y no la verdad, el insulto y no el análisis, la irracionalidad y no la ponderación objetiva de todos los hechos, indicios y presunciones; la amenaza, el insulto, la agresión, y no la polémica civilizada, son ley y regla procedimental inmutables.

La caricatura y el ridículo sustituyen allí por tanto, la tozudez e inamovible realidad de un hecho histórico.

Y es que sencillamente ignoran, y por eso agreden, la honorable seriedad del pensamiento, de la verdad cristaliza, en la que el prestigio de la idea, del conocimiento vivo, se convierte en principio de autoridad ética, conscientemente aceptada dada la tremenda fuerza persuasiva de su objetividad.

De ahí que la más hermosa cualidad y fuerza indestructible de todo dirigente en cualquier actividad del quehacer humano, es la de que sus seguidores lo aprecien por convicción, por admiración, mas no por temor.

Gente así es la que insulta a Oscar acremente, amenazado por lo menos de ser golpeado, “dondequiera que lo encuentren”, acusado de escribir “por encargo”, “para eximir de responsabilidad a Joaquín Balaguer en ese comprobado crimen político, de Estado”.

Y ambos, Oscar y Jimmy señalados, calumniados además, como partícipes de una maniobra del gobierno actual “para distraer la atención pública de cardinales y actuales problemas nacionales”.

Da pena que muchos de los que así hablan, dicen y acusan, desconocen, o más exactamente, pretenden o fingen desconocer la reciedumbre moral, las virtudes humanas, el grado de sencillez y humildad de estos dos amigos ultrajados, a quienes, y me consta, los consabidos glamour, oropel, canonjías y beneficios del Poder, ni los atraen pero mucho menos los deslumbran ni los tocan, ya que como se dice en el mundo de las altas finanzas, han sobrepasado por mucho, “la prueba ácida del agua regia”, mezcla de ácido sulfúrico con ácido nítrido, capaz de disolver hasta al propio oro. De ese “escaneo” moral, hasta ahora, ambos han salido impolutos.

Sin embargo, estoy plenamente seguro que no puede con tanta seguridad afirmarse lo mismo de muchos de sus acusadores y detractores gratuitos. El medio aún sigue siendo pequeño, y todavía todos, afortunadamente nos conocemos muy bien y desde hace mucho tiempo.

Y por eso, entre otras razones de conciencia, de ellos dos soy, me considero, su amigo incondicional.

Sintiéndome honrado, orgulloso de serlo, ahora más que nunca por esa extraordinaria y honradvalentía que han manifestado al defender la verdad y sus convicciones, aunque se sacuda la Tierra.

Eso es coherencia, responsabilidad y serena firmeza ante los soplos del infecundo viento frío, del que nos hablaba transido de frustración en 1966, el malogrado extraordinario poeta compueblano (petromacorisano) René del Risco Bermúdez, autor de la bella balada “Una primavera para el mundo”.

En pocas palabras: a Oscar y a Jimmy se los ha querido lapidar físicamente, lincharlo moralmente. Y ese ejercicio de frenética y maniquea muestras virulentas de excluyente intolerancia antidemocrática, paradójicamente esgrimida por quienes de manera estridente dicen ser los campeones de la lucha por la democracia, la libertad, los derechos y el respeto a la dignidad humana, aunque irracionales y sicorígidos, solo aceptan como “verdades” sus dogmáticas opiniones o sus prefabricadas mentiras, siempre revistadas del egocéntrico, no menos egoísta, cálculo político, tal cual actuaba y actúa la escuela staliniana.

Y ese trato desconsiderado, Oscar y Jimmy no se lo merecen, sobre todo y además, por ser dos personas dignas, que han aportado y aportan todos los días al país en los campos de la cultura, del periodismo, de la educación, de la solidaridad humanitaria. Por todo ello, acudimos en su defensa sin reservas, sin importar las consecuencias presentes o futuras.

Lo puedo decir yo con propiedad responsable porque durante muchos años he tratado a Oscar López Reyes, desde cuando era apenas un adolescente venido de su natal Barahona, y sé cuanta bondad y sinceridad encierra su sencilla alma humana.

De Jimmy Sierra fui, sobre todo en la UASD, adversario ideopolítico, no personal. Y tras durar sin siquiera vernos de lejos más de veinte años, cierto día muy aciagos, desolaos para mí, por la reciente muerte de mi adorada madre; Jimmy me ve, se acerca y me saluda sonriente con su afable muletilla preferida a flor de labios y con los brazos abiertos, sin una pizca de rencor, mucho menos de temor o hipocresía: “hola, teórico, cuánto tiempo”.

Esa actitud de Jimmy me emocionó profundamente.

¿No es ese proceder el reflejo de un espíritu limpio de todo rencor, de toda maldad, de toda mediocridad? Desde ese instante, lo aprecio, lo admiro y soy su amigo a cambio de nada, como él bien lo sabe.

El autor fue en los años 1966- 67 dirigente estudiantil de la Federación de Estudiantes Dominicanos –FED– del Grupo Fragua, y fundador de la Juventud Comunista a partir de marzo del año 1967, en la UASD.

COMENTARIOS 3

Comentó: beltica12
De:British Virgin Islands
Pido de favor que no traten de recrear la historia de la vida de Balbarin Mojica. El fue un verdadero heroe nacional en mi opinion otro padre de la patria.



27 ago 2010 12:19 a.m.
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Comentó: beltica12
De:British Virgin Islands
Yo no estoy de acuerdo con el comentario hecho acerca de Balbarin Mojica. Es aun un misterio como murio Balbarin, unos dicen que el se suicido otros dicen que el fue matado por el govierno de el dia. El caballero Montas, opino que Balbarin se quito la vida porque el estaba frustrado por la pobresa entre otras cosas y nada esta mas lejos de la verdad. Balbarin pudiera haver tenido dinero, pero su onestidad era inmensa como para compartir con otros, su lema era que el no se vendia.Excisten barios articulos que pueden comprobar lo que digo. En varias ocaciones el govierno de el dia le envio cheques a Balbarin en blaco para que el pusiera la cantidad deseada. En mi opinion Montas ecribio sus sentimientos y no los hechos. Aunque mi abuelo Balbarin muriera pobre lo hizo con dignidad, un ser admirado por todos hasta sus enemigos. Su persona tan desinteresada es lo que lo hace un Dominicano inolvidable aun despues de casi dos decadas de su muerte.



27 ago 2010 12:16 a.m.
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Comentó: LaRosa
De:República Dominicana, Santo Domingo Oeste
Independientemente de los intereses políticos, la verdad hay que dejarla salir. En este caso respeto la posición de Oscar Lopez Reyes, porque lo conozco de cerca y creo que en su teoria del suicidio de Narcizaso tiene logica, porque las personas que se quitan la vida siempre lo dicen antes de hacerlo. La depresión es muy peligrosa sino se trata a tiempo. El gran problema de Narcizaso es que en su crisis no nadie lo ayudo y lo llevó a tiempo Al Instituto de Ayuda a la Depresión. Ahi ayudan a los depresivos.La depresión es una enfermedad igual que cualquier otra, que debe se tratada por especialistas.



24 ago 2010 02:39 p.m.
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